Entrevistas No a su imagen 03

Los chamanes videntes llamados telestai en la civilización clásica

11 de marzo de 2007

En Future Primitive

Johanna: Hola a todos, soy Johanna y estoy hoy con John Lash. Vamos a hacer la tercera de la serie de entrevistas y hoy es 11 de marzo de 2007. Vamos un poco retrasados en los planes que teníamos pero aquí estamos.

El programa de hoy es sobre los chamanes y videntes llamados telestai y su papel en la civilización clásica.

Hola John, has mencionado en nuestra conversación y en tu libro que el término gnóstico está contaminado. ¿Puedes explicar esta situación un poco extraña?

John: Intentaré hacer lo que pueda. Es un problema que parece que yo soy el único entre los eruditos del Gnosticismo y del movimiento cristiano temprano, pues los demás no parece que presten mucha atención a este tema, pero yo creo que es extremadamente importante, así que permitidme que lo explique lo más claro que pueda.

Yo diría que hay dos cosas que necesitáis saber para darle la vuelta a la connotación negativa de la palabra “gnóstico” y “Gnosticismo”, siendo la palabra griega gnostikoi. Lo primero es que, cuando leemos a Elaine Pagels u otros autores conocidos asociados al Gnosticismo, inmediatamente nos sentimos introducidos en una atmósfera de erudición cristiana. En esta atmósfera se asume que los gnostikoi, cuyos escritos han sobrevivido, eran en realidad una versión marginal del Cristianismo. Así que sería más o menos aceptable decir que eran cristianos gnósticos que tenían opiniones alternativas sobre Cristo, la salvación, el dios padre y demás. Estos fueron finalmente erradicados para que la doctrina cristiana pudiera conseguir algún tipo de uniformidad. Encontraréis esta suposición en todos los eruditos importantes del Gnosticismo.

Yo tengo una opinión muy diferente, no sigo esta opinión, y en mi trabajo intento demostrar que las enseñanzas, la doctrina, la ideología e incluso la cristología -es decir, las enseñanzas sobre Cristo- que encontráis en los escritos gnósticos no solo son una forma marginal del Cristianismo sino algo radicalmente opuesto al Cristianismo como lo conocemos. Así que en primer lugar, la primera corrección que yo propondría es no mezclar a los gnósticos con los primeros cristianos.

El segundo aspecto de esta connotación negativa es incluso más enrevesado que el primero. El término gnostikos o gnostikoi no se aplicaba a las personas a las que nos referimos como ellos que eran, en mi opinión, los maestros y fundadores de las escuelas paganas del Misterio. Los maestros espirituales paganos que fundaron los Misterios existieron bastante antes del Cristianismo y es necesario que reconozcamos este hecho. No soy el único erudito que ha reconocido esto, por cierto, cito a un par de personas, Colin Renfrew es uno de ellos que de hecho usa el término chamán para referirse a los videntes y maestros de la Europa precristiana como los druidas, que eran chamanes. Así que de esta tradición europea chamánica precristiana surgió una clase intelectual que no se llamaron a sí mismos gnósticos sino que se llamaban telestai, que significa “aquellos que tienen un objetivo”. Y lo que necesitamos entender es que los gnósticos nos han llegado terriblemente contaminados no solo por el primer ejemplo que acabo de describir sino porque además en las palabras de los padres cristianos y los ideólogos cristianos era un insulto. Si llamabais a alguien un gnóstico sería equivalente a llamarlos “listillos” o “sabelotodos” y así, de hecho, es como se usa el término en los llamados escritos prenicenos, es decir, los escritos de los Padres de la Iglesia que establecieron las bases de la doctrina cristiana. Creo que ayuda si entendemos de verdad quiénes fueron los gnósticos y existe una diferencia muy clara entre el término gnostikoi, que usamos para referirnos a ellos y que ellos nunca lo usaron para referirse a ellos mismos, y telestai que es el término adecuado para referirnos a ellos y que ellos sí usaban entre ellos.

Johanna: Aquí es donde puede estar la diferencia. Dices que los telestai eran chamanes, éste no es un término que se aplique generalmente a la clase intelectual del mundo antiguo. ¿Puedes explicar de una manera más útil por qué los describes como chamanes?

John: Creo que quizás una forma de comenzar a entender mi visión particular de estas personas es mirar a lo que en realidad está sucediendo hoy en día en el ámbito del chamanismo y lo que le ha sucedido al término “chamanismo” en los últimos 50 años.

Cuando Mircea Eliade escribió su libro sobre chamanismo, primero en francés en los años 50 (ya hace medio siglo), Eliade definió el término “chamanismo” de una manera muy limitada y muchas personas adoptaron esa definición. Se trataba de una forma de trance que experimentaban algunos nativos de Siberia, conectado con la sabiduría enteológica y ciertos relatos sobre el uso de hongos y el estado de trance de los chamanes en esa parte del mundo. Y esto se convirtió en una etiqueta limitada.

Lo que ha pasado en los últimos 50 años es que la definición de chamanismo se ha ampliado de manera muy extensa y hemos podido entender ahora que el chamanismo se aplica mejor a la práctica espiritual y adivinatoria de muchas personas: los kahuna de la Polinesia, los ainu de Japón, todos tenían chamanes, tenían algo así como una clase de sacerdotes cuyo papel era entrar en el submundo y comunicarse con los secretos de la naturaleza, todo lo que está fuera del círculo de la cultura humana, y luego llevar ese conocimiento de la naturaleza y de lo sobrenatural de vuelta a la sociedad.

Ése era el papel del chamán y ahora lo llegamos a entender en un sentido mucho más amplio hoy. Una vez que entendemos esto, solo queda un salto para llegar a la idea del chamán urbano. Y, de hecho, la mayoría de la gente que escribe ahora de una manera popular sobre la contra-cultura como… Pinchbeck o Erik Davis son chamanes urbanos. Terence Mackenna fue un chamán urbano, es decir, alguien que practicaba la tradición de estas culturas indígenas, que no son urbanas, pero llevó esa práctica a un entorno intelectual urbano, el entorno universitario, el entorno académico, internet, a la contra-cultura.

Lo que me gustaría señalar es que ya existía una clase de chamanes urbanos en la historia y ellos fueron los creadores y guardianes de la civilización clásica de la antigua Europa.

Johana: Veamos, yo me considero una telestai y soy una mujer. ¿Podrías hablar un poco sobre las mujeres telestai chamanes en aquella cultura y hoy en día?

John: Me encantaría. No soy un erudito sobre los griegos, por cierto, e incluso los eruditos del griego hoy no saben exactamente cómo se pronunciaba el griego antiguo, pero creo que la pronunciación del singular era telestes (telestes) y el plural era telestai (teleste). Un telestes en los antiguos Misterios de Europa podía ser o bien un hombre o una mujer. La evidencia que conservamos de las prácticas de los Misterios nos muestra que ellos eran completamente igualitarios y una de las informaciones sorprendentes que tenemos viene, creo de un cristiano, Epifanio que vivió en el siglo IV y que se infiltró en una de las sectas gnósticas de la época. Epifanio ofrece relatos de primera mano de estas prácticas gnósticas y una de las cosas más sorprendentes que yo he encontrado leyendo estos materiales -y creo que igualmente lo encontraría cualquiera que se sumergiera en ellos- es que Epifanio dijo que cuando las células gnósticas, que estaban compuestas por 16 personas, 8 hombres y 8 mujeres, se reunían, no había un líder y que el líder del grupo para una sesión en particular se elegía por suertes y, puesto que el líder se elegía al azar en esa sesión en concreto y cualquier miembro era capaz de dirigir a todo el grupo, podía igualmente ser uno de los ocho hombres o una de las ocho mujeres.

El otro asunto que merece la pena señalar es la vida y logros de Hypatia. El capítulo 1 de mi libro comienza con el asesinato de Hypatia y ella era una mujer y probablemente fue la mejor representante que conocemos de la tradición de los antiguos Misterios. Ella no solo era una mística, no solo una chamana, era capaz de practicar varias formas de adivinación, era capaz de practicar lo que sería un equivalente de las técnicas de visualización del Dzogchen o la imaginación activa de Jung y otras prácticas mágicas. Pero también era profesora de la universidad de Alejandría, era hija deTeón, profesor de matemáticas, y probablemente fue la inventora del astrolabio. En ella encontramos un ejemplo de una mujer de altos logros en los círculos gnósticos y paganos de los Misterios, y estoy seguro de que había muchas más.

Una cosa que siempre tenéis que tener en cuenta sobre la tradición pagana-gnóstica es que en gran parte era anónima y hay dos razones por las que sabemos tan poco sobre ella. La primera es porque era anónima y los autores no se daban a conocer mediante sus nombres o títulos, los grandes maestros del Gnosticismo no hacían público su nombre o título. Y la segunda razón es porque toda la información fue destruída por los fanáticos cristianos.

Johanna: Tu libro No a su imagen habla mucho sobre la civilización clásica de Europa, es decir, el mundo precristiano. En un sentido, tu libro trata de Europa y debería ser de interés principalmente para los europeos. ¿Nos puedes decir por qué esta perspectiva europea precristiana podría ser interesante y valiosa para los americanos y otros pueblos del mundo?

John: Es una pregunta muy buena e importante. La gente que se sumerja en mi libro verá que el libro trata de Europa y, si no saben nada de Europa y no están interesados en Europa, puede que eso les plantee algunas reservas. Me doy cuenta de eso, pero, como también digo desde el principio de mi libro, la historia de Europa tiene una importancia enorme para los americanos en concreto. No voy a hablar del mundo en general sino que simplemente quiero hablar de los americanos. Por supuesto es obvio que todos los americanos vinieron de Europa, excepto los nativos americanos, así que los que no somos nativos americanos sabemos que somos descendientes de dos, tres o cuatro generaciones previas de los europeos que vinieron en el siglo XV, XVI o XVII. Algo que intento hacer en mi libro es intentar aplicar el concepto del síndrome víctima-agresor a la historia y algunos de los oyentes puede que sepan ya lo que es el síndrome víctima-agresor, que también se llama vínculo del abuso, y conocí este síndrome, para mi gran suerte, a través de ti Johanna, yendo a encuentros en Santa Fe hace muchos años, en los años 80, en el movimiento de la recuperación, y una de las cosas que destacan del movimiento de la recuperación, independientemente si os gusta o no, es que trajo consigo una psicología radical que, en mi opinión, ha cambiado las vidas de muchas personas, incluyendo la mía. Así que fui muy afortunado al aprender el vínculo víctima-agresor en un contexto muy personal e íntimo, sentado con gente que tenía ese síndrome, incluyéndome a mí mismo. Luego con los años, cuando ese síndrome lo tenía en mente, profundicé mucho en mi mente y creo que lo que pasó es que, cuando comencé a escribir sobre los gnósticos, reemergió. Y en mi libro se me presentaron dos desafíos cuando contaba la historia de los gnósticos y los Misterios paganos.

El primer desafío era recuperar la información perdida sobre ellos y recuperar sus enseñanzas y, en particular, restaurar el mito de la Diosa Caída, Sophia. Pero la segunda parte del desafío fue cómo se perdió, porque no se perdió accidentalmente. La historia pagana de la diosa Sophia fue destruida de manera sistemática y brutal. Así que una gran parte de mi libro, yo diría un tercio, trata ese asunto y ésa es la razón por la que comienzo hablando de la conexión tan extraña entre el genocidio de los nativos americanos de los EE. UU. y el centro y el sur de América y el genocidio de los nativos europeos. Si queréis entender de la manera más simple lo que fueron los paganos, entonces tenéis que pensar en los apaches, los arapahoe, los abanaki…, pensad en todas estas tribus -creo que hay unas 600- del oeste americano y luego trasladar ese concepto a Europa y pensad en los iberos, los celtas…, estos fueron los pueblos indígenas de Europa como los apaches y demás fueron los pueblos indígenas de América, y lo que intento hacer en mi libro es explicar que la razón por la que los europeos vinieron y cometieron un genocidio en América es porque ya tenían la historia del genocidio contra su propia gente en Europa. Así que la historia de la civilización clásica y su destrucción no es un fragmento de erudición inocente, sino que es una parte sangrienta de la historia en la que todos estamos profundamente implicados y eso es por lo que siento que el tratamiento que le doy a la historia europea no es solo un asunto de interés académico o histórico sino que es algo mucho más profundo.

Johanna: Ambos hemos leído recientemente la obra de Lloyd deMause, fundador del instituto de la psicohistoria, así que de alguna forma se podría vincular lo que escribes con la psicohistoria. ¿Qué piensas de esto?

John: Espero que comuniquemos en Future Primitive y en mis escritos de metahistory que Johanna y yo estamos en un estado constante de descubrimiento y aprendizaje. Una cosa que sucedió hace poco es que Johanna encontró este asunto de la psicohistoria en internet. La psicohistoria es el nombre que se le da al movimiento fundado por un hombre llamado Lloyd deMause y cuando ella me lo comunicó dije: La psicohistoria es la hermana gemela de metahistory pues había leído los libros de Lloyd Demause On the History of Childhood y The Foundations of Psichohistory, obras muy radicales, así que de alguna manera podemos decir que yo estaba escribiendo psicohistoria antes de saber lo que era.

Johanna: Esto nos lleva a la educación clásica. Para mí es como un término imponente, así que quizás podrías describir la educación clásica de una manera que se pueda entender por todos y también decirnos por qué el conocimiento de la educación clásica es importante.

John: Sí, el término educación clásica es un poco imponente y esto es algo de lo que hablo en el libro y lo considero una parte esencial del proceso de recuperación de una sabiduría antigua orientada en Gaia que intento conseguir en mi libro. Creo que una manera de responder a esa pregunta, antes de intentar enmarcarlo de una manera accesible, es ofrecer una nota personal. Yo tuve mucha suerte porque crecí en este pequeño pueblo en Maine, donde estuve cerca de la naturaleza. Luego fui a un instituto que no era muy grande ni tampoco muy sofisticado, creo que había solo unas 200 personas en el instituto y unas 30 ó 40 personas en mi clase, pero yo fui miembro de la última clase a la que se le enseñó latín y recibí clases de latín durante un año. Os tengo que decir que eso fue absolutamente maravilloso. En primer lugar, me encantaba el latín, me encantaba el lenguaje y me encantaba hacer mis deberes de latín, me encantaba recitar las permutaciones de los verbos…

Johanna: ¿Por qué?

John: Simplemente hacía eco de algo en mi interior y no sé por qué pues la mayoría de los chicos lo odiaban, no le veían el sentido a aprender latín. Y yo me sentaba a recitar todos esos términos extraños que aprendes cuando aprendes el latín y para mí el latín era como tocar algo que estaba dentro de mí, algo muy profundo. Además, tuve la gran suerte de tener una buena profesora de latín, a quien yo le gustaba mucho y yo era como su alumno favorito. También me enseñó francés durante tres años. Ella decidió que la forma de enseñar latín no solo era ofrecer el lenguaje sino que enseñaba mitología griega y romana, así que ella fue la primera persona que incentivó mi apetito por la mitología y que me dirigió a ser un mitólogo.

Así que tengo suerte en ese sentido porque sabía latín y tengo una idea de cómo era la educación clásica de primera mano. Y ahora para dar una respuesta rápida a tu pregunta, Johanna, yo desarrollo una idea en mi libro que ningún erudito ha ofrecido y que sin duda muchos rebatirían, y es que los chamanes y videntes que fundaron los Misterios también fueron los educadores del mundo antiguo. Ahora, mucha gente diría que John Lash se está inventando esto y no me lo estoy inventando porque cito en mi libro a otros eruditos que saben más que yo que han dicho exactamente lo mismo, pero que han sido completamente ignorados como si lo que decían no fuera importante. Y es tremendamente importante.

Creo que tenemos que entender que hubo una clase de intelectuales chamanes urbanos en Europa, cuyas raíces databan de miles de años y que en torno al 600 a. C. comenzaron a introducir la alfabetización y que en su proyecto que duró miles de años, desde el 600 a. C. hasta la época de la muerte de Hypatia, literalmente crearon todo el sistema educativo del mundo antiguo y creo que eso es algo para levantarse y prestarle atención y que esa gente merece nuestro reconocimiento.

El segundo punto es que la educación clásica era una educación moral y para mí, si todo lo demás tuviera que ser ignorado, la única cosa esencial que tendríamos que reconocer es que la educación clásica, los clásicos griegos y romanos, contenía una profunda moralidad humanista y una ética que era completamente independiente de la moralidad cristiana, y la diferencia de estos sistemas era que la moralidad pagana clásica nunca afirmó tener una base teocrática, nunca reivindicó todas estas normas que seguimos entregadas por el todopoderoso dios a ciertos hombres con o sin barbas que decían: “O seguís lo que decimos o caeréis para toda la eternidad”.

La ética y la educación clásica y el humanismo estaban totalmente basadas en lo humano y en Gaia y, como digo en mi libro, si leéis las Meditaciones de Marco Aurelio, encontraréis en tres páginas de esa obra más sabiduría y verdadera moralidad que en toda la Biblia.

Eso es la educación clásica, es algo que hemos perdido. Una de las grandes tragedias de nuestro tiempo es que los jóvenes van a la universidad para obtener una licenciatura que se convierte en inteligencia artificial, enseñan materias completamente inmorales, materias que no tienen ética alguna. No existe la ética en los negocios y no existe la ética en internet, perdonad que diga esto.

Así que estamos mirando una raíz muy profunda y, cuando uso la expresión educación clásica, espero que la gente entienda lo que intento señalar.

Johanna: Muy interesante. Finalmente, ¿puedes decir algo sobre el vínculo entre el Paganismo, una palabra que se refiere a veces a la cultura clásica europea, y la tradición teléstica de los Misterios que has recuperado y sobre la que has escrito en tu libro?

John: Creo que más o menos he contestado a esa pregunta en la conversación que hemos tenido hasta ahora. Siempre existen dudas sobre este término, Paganismo, y quizás lo podríamos redefinir como Gaianismo. El Paganismo fue una religión animista que existió en muchas variantes al igual que en las tribus de los indígenas americanos. La razón por la que la tradición teléstica es tan excepcional, tan poderosa e importante, no solo es que su destrucción condujo al caos de inmoralidad y demencia de la civilización occidental sino que también es recuperable y lo que se puede recuperar es el foco gaiano y sofiánico, y los telestai fueron las personas que crearon ese foco y, en ese sentido, fueron la élite del mundo pagano. Si fueran a reaparecer hoy yo creo que serían, no una élite sino un grupo de gente divertida (se ríe).

Johanna: De alguna manera ha rondado recientemente la cuestión de por qué un hombre contaría la historia de una mujer. Estamos hablando de Gaia, de Sophia, y parece que es necesario que las mujeres tomen la delantera y sean las narradoras de historias que guíen a los demás. ¿Podrías hablar de manera personal cómo te sientes por el hecho de ser un hombre que recibe y difunde la historia de una mujer?

John: Realmente me pones en un aprieto. Johanna, creo que esa pregunta nos lleva a la siguiente charla del 21 de marzo, en el equinoccio de primavera, cuando vamos a hacer una entrevista específica sobre el Mito de Sophia, y eso me da una semana o más para pensar en esto y hablar de la manera más cándida que pueda sobre cómo se siente el hecho de ser un hombre el que ha devuelto al mundo el mayor mito ecofeminista que jamás se ha creado. Tengo que decirte que no me siento del todo seguro con esta cuestión y me he encontrado algunas resistencias, así que trataremos este tema en nuestra siguiente conversación y espero tener una buena respuesta. Gracias, amiga mía.

Johanna: De acuerdo, hasta pronto.

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