Biografía planetaria

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Capítulo 10: La Diosa caída

La gran narrativa de los Misterios fue el mito de Sophia, la historia de cómo la diosa Sophia, una divinidad del nivel cósmico, se convirtió en el planeta Tierra. Este mito era el eje central de los Misterios dedicados a la Madre Magna, la Gran Madre. Explica no solo el origen de la vida humana en la Tierra sino el origen de la vida y la conciencia de la Tierra misma. El indólogo Heinrich Zimmer, describiendo el mito hindú de la Madre del Mundo, escribió:

El mito no puede, de hecho, revelar la génesis de la gran madre-diosa, sino solo la manera en la que ella hace su aparición, pues el mito conoce su condición de “sin comienzo” que está implícita en el término “madre”: sabe que como madre ella existió antes que todas las cosas a las que ella ha dado vida.

Esta afirmación apunta a la naturaleza única de la cosmología que se encuentra en el mito gnóstico de la diosa caída. La identificación de la Tierra con una deidad femenina o diosa es casi universal en la mitología mundial y la sabiduría indígena, pero solo los materiales gnósticos presentan un completo escenario que describe cómo esta divinidad del nivel cósmico se convierte en un cuerpo planetario. Zimmer dice que la Gran Madre “existió antes que todas las cosas a las que ella les ha dado vida”. Si éste es el caso de Sophia, como los gnósticos pensaban y enseñaban, podemos imaginar qué tipo de existencia previa tuvo.

Hoy llamamos a la Tierra Gaia reconociendo paulatinamente que el planeta está vivo y es inteligente, un superorganismo que siente. Pero con ello no asumimos normalmente que la entelequia de Gaia existió previamente al planeta físico. Llamar a la Tierra Gaia es una façon de parler, meramente una forma de hablar, pero ¿podría ser algo más que eso?

La intuición emergente de un creciente número de personas que piensan que Gaia está viva y es inteligente por derecho propio, de que es “autopoiética” (que construye su propio orden), puede provocar una intuición más profunda: la presencia autopoiética encarnada en la Tierra existió previamente a ella. Sophia significa “sabiduría”, así que debemos suponer que los adeptos de los Misterios percibían en el cuerpo planetario la sabiduría de una presencia divina, sobrenatural, comparable a la sabiduría que anima el cuerpo humano, pero infinitamente más compleja, grande y poderosa. Por supuesto, ésta es la comprensión ecológica primordial. Puede ser también la percepción religiosa primordial.

En la cosmología gnóstica, Sophia es el nombre mitológico de Gaia antes de que se convirtiera en la Tierra.

Hoy, con el emergente reconocimiento de Gaia en nuestro beneficio, somos privilegiados de observar, como lo hizo James Lovelock, que solo tiene sentido ver a la Tierra de esta forma; ¿Necesitamos de verdad teoría general de sistemas, cibernética, estructuras disipativas y fórmulas tautológicas de autoorganización para entender a Gaia, o estos esquemas conceptuales son distracciones masculinas que actúan contra un contacto empático con el planeta vivo? Para los griegos antiguos la theoria consistía en contemplar, simple y llanamente, pero desafortunadamente para la mente moderna estamos sujetos a la teoría misma, y así, atados y cegados por ella, no podemos visualizar la tierra a causa del mapa.

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