El vínculo del placer

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Capítulo 2: Raíces paganas

Puede parecer que Apolo derrota a todos los dioses de la naturaleza porque se supone que esta deidad proviene de la naturaleza exterior, más allá del mundo sensorial. El dios Apolo refleja la glorificación humana del intelecto como una fuerza independiente del cuerpo. La palabra latina Phoebus no es un nombre sustituto para Apolo, sino solo para su atributo primario, la radiación al estilo del sol del intelecto liberado del cuerpo. La historiadora Jan Harrison explica que Phoebus indicaba “el calendario solar con todas sus moralidades auxiliares de ley y orden y simetría y ritmo y luz y razón, las cualidades a las que nos inclinamos demasiado fácilmente para amalgamarnos como griegos”. Estos atributos de la civilización los tenían los primeros indígenas europeos, pero desarrollados –en estrecha relación con, y una profunda reverencia por, la naturaleza y no mediante el distanciamiento de la humanidad de la naturaleza, como ocurrió en el intelectualismo griego de la Edad de Oro (del siglo VI al siglo V a. C.)–. Entre los historiadores es un cliché que el intelectualismo griego preparó el camino para la teología cristiana. En la mezcla triunfante de Cristo y Apolo podemos ver por qué.

Apolo era un dios austero que fruncía el ceño ante los impulsos placenteros representados por los sátiros y las ménades, aquellos compañeros gay de Pan en sus excursiones por la antigua campiña. Los excesos de hedonismo y libertinaje son, por supuesto, básicos para nuestra visión estereotipada del Paganismo. El Satiricón, una novela escrita alrededor del año 50 d. C. por el sátiro romano Petronio, muestra los excesos vulgares de la sociedad urbana pagana como fueron en verdad. El libro fue fielmente trasladado al cine por Federico Fellini, ofreciendo un mini curso sobre la decadente cultura pagana. El amor excesivo a lo sensual y al placer sexual fueron a la vez la fuerza y el fallo del Paganismo, pero los paganos no tenían un monopolio del libertinaje. En Lyon, donde Ireneo predicaba contra las herejías gnósticas, se decía que antes de que llegaran las autoridades cristianas, las prostitutas se reunían en la puerta principal para saludar a los viajeros. Después de que los cristianos tomaran el control de la ciudad y declararan el placer sexual como pecado, la línea de prostitutas se extendió desde la puerta frontal por toda la ciudad hasta el exterior de la puerta trasera. Alrededor del 900 d. C., quinientos años después del asesinato de Hypatia, la Iglesia romana había producido una “pornocracia”, una sociedad gobernada por prostitutas y gente adicta a la prostitución. Las crueles lujurias retorcidas de los papas medievales, tales como Sergio III, Juan XI, Juan XII y Benedicto VI, hacen que las orgías paganas parezcan tan inocentes como un picnic campestre.

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